El ingreso básico universal y la Cultura

El ingreso básico universal (IBU), en el que el Estado le otorga a cada ciudadano un sueldo base sin condiciones, encuentra defensores no sólo en el mundo de la izquierda, como quizás sería de esperar, sino que en todo el espectro político, siendo incluso los padres del llamado neoliberalismo partidarios de esta iniciativa. Friedrich Hayek, por ejemplo, entendía la libertad como la falta de coerción externa: si nadie te puede obligar a hacer algo, entonces eres libre. Él defendía otorgar sin condiciones un piso mínimo para todos: sólo una persona con su subsistencia asegurada tiene la libertad real de negarse a realizar acciones que considera indignas a cambio de dinero (1). Milton Friedman, por su parte, proponía un IBU como resultado de una política de impuesto negativo a la renta. Las personas recibirían así subsidios monetarios directos cada vez mayores mientras menores fueran sus ingresos, existiendo una base para aquellos que no ganaban absolutamente nada (2). 

 

Uno de los principales argumentos para promover el IBU actualmente tiene que ver con las cambiantes condiciones laborales que están trayendo la digitalización y la automatización. Esto se traduciría en un mercado laboral futuro incapaz de generar condiciones mínimas para una parte importante de la población. Lo que no se menciona en esta discusión es que hoy en día ya hay un fragmento de la sociedad donde se ha materializado esta situación: el sector cultural.

 

En efecto, los emprendimientos culturales son por lo general, incluso cuando son exitosos, deficitarios (en vez de ganar dinero, lo pierden). En mi opinión esto tiene dos causas relevantes. En primer lugar, el artista no tiende a regirse por las reglas del mercado, si no que crea aquello que le nace de la inspiración sin preocuparse si su oferta encontrará un equilibrio con la demanda general. Luego está lo que ya en los años 60 se definió como la “enfermedad de los costos” en las artes. La mayoría de las industrias logran con el paso del tiempo aumentar su productividad y, como consecuencia, subir los sueldos de sus trabajadores. Esto no ocurre en las artes. Para un cuarteto de cuerdas la preparación de una determinada obra requiere el mismo tiempo y trabajo hoy que hace 100 años. Sin embargo los sueldos en la cultura, impulsados por las tendencias en el resto de la sociedad, igualmente suben, elevando a través de los años los costos de producción de espectáculos culturales muy por encima de la inflación.

 

Por ende, las artes sobreviven actualmente gracias a subsidios estatales o donaciones privadas. Los artistas terminan siendo financieramente exitosos no a través de su talento, sino que gracias a su capacidad de navegar burocracias estatales para acceder a fondos concursables o gracias a su expertise en el networking empresarial. Esto no es solamente frustrante y denigrante para los artistas, sino que también altamente ineficiente para la sociedad: en vez de estar produciendo y perfeccionándose, nuestras almas más creativas ocupan su tiempo llenando formularios y preparando porfolios de marketing. Un IBU que le permitiera a los artistas sobrevivir y desarrollar su individualidad sin tener que preocuparse del beneplácito de entidades públicas y privadas sería, en este sentido, una verdadera subvención a la creación de belleza, un impulso a la experimentación artística y un estímulo a la innovación cultural.

 

Implementar un IBU en la cultura no estaría exento de problemas. La primera y más obvia complicación se refiere al financiamiento. En Chile, por ejemplo, incluso si se repartiera todo el gasto realizado por el Estado en cultura entre las personas ocupadas en oficios culturales, éstas recibirían un sueldo de tan sólo 100 dólares mensuales (lo que equivale a un cuarto del suelo mínimo chileno) (3). Por otro lado, estaría la dificultad respecto al otorgamiento del beneficio. Una de las características esenciales del IBU es su universalidad y restringirlo para un sector determinado terminaría con certeza causando muchos inconvenientes. ¿Cómo definir quién se merece ser denominado artista y quién no?

 

Si bien es verdad que un IBU para la cultura suena como algo casi imposible, también es cierto que las políticas culturales actuales no están siendo exitosas. Muchas de las mentes más geniales de nuestra época están sumidas en vidas precarias e inciertas no por falta de esfuerzo o talento, sino que debido a un tipo de sociedad que no ha sabido encontrar para ellas el lugar que se merecen. Ciertamente imaginar hoy un mundo donde la creación artística no esté atada a vaivenes financieros es una ambición de tintes utópicos, pero puede ser un fascinante horizonte hacia el cual aspirar.

 

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(1) Matt Zwolinski: "Hayek, Republican Freedom, and the Universal Basic Income" (2019)  Link

(2) Video: Milton Friedman explicando brevemente el impuesto negativo  Link

(3) Cifras del año 2015 y ajustadas a valores actuales, obtenidas del estudio "Actualización del impacto económico del sector creativo en Chile" (2017) realizado por el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Gobierno de Chile  Link 

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Comments: 2
  • #1

    Felix (Monday, 15 June 2020)

    Comprendo según el contexto que estamos viviendo, que el artista no encaja en la sociedad actual, pero nadie quiere financiarlo y por otro lado nadie quiere que desaparezca. Ahora bien, depender de un estado, en el futuro la autonomía, ser autosustentable, es un futuro más austero del que estamos acostumbrados, por lo tanto, que alguien mantenga a otro, como se mantiene a los militares por ejemplo, es algo que poco a poco se va a ir acabando, en mi opinión.

    Por otro lado hay otro problema ahí, el artista de qué? Que es arte y qué no? Solo música? Toda la música? Similar a lo que paso con la carrera de Investigación (PDI) o enfermería en este país, la gente vió la oportunidad, y colapsó, aumentó la oferta y se acabo de la demanda. Lo mismo sucedería aquí y creo yo, ya sucedió, es un rubro que está colapsado, donde no se mide el logro, sino el talento, donde hay formalidad e informalidad del aprendizaje, eso es un poco la belleza del talento artístico, pero también es difícil sistematizarlo.

    Creo que es soñador y poco aplicable de convencer a la sociedad que el arte es necesario, como he dicho todos lo quieren, nadie quiere pagar por ello. Por lo que creo, la posibilidad de sistematizarlo serían las siguientes formas:

    1) Discriminar solo para preservar lo histórico, estilo las edificaciones UNESCO. Al igual hay puestos limitados para mantener los registros de la historia del país, podría considerarse cupos limitados para los artistas que tengan un valor, por preservar lo histórico y el resto a comer maní.

    2) Considerar que sacar una especie de doctorado en el arte que te especializaste, te hace ser un bicho raro digno de conservar, por lo tanto, con un certificado y nivel de maestría puedes postular a un IBU, pero lo que no esté considerado como formal a comer maní también.

    3) Fijar cupos dependiendo de la riqueza del país para poder mantener a los artistas de distintas especialidades. Pero entras nuevamente a un sistema de discriminación, una limitante a que el arte se expanda y la posibilidad de tener un Hector Noguera, que es el
    Comodin inmortal en la actuación chilena.

    4) Que exista una fundación global que esté pendiente de mantener, preservar y fomentar el arte en el mundo y mantenga nuevamente a un número limitado de artistas por país.

    5) tener un patrocinador, creo que esto es lo actual y la realidad de muchos, a veces es la misma familia o cónyuge termina manteniendo al artista.

    En fin, todo lo que he escrito es discriminador, reduccioniata y hasta caricaturizado, demás que ya existe y está fracasando, pero lamentablemente la única solución para mi a corto plazo es:
    1. cupos limitados por país, según nacionalidad.
    2. mantener lo que es considerado histórico y relevante para la cultura local e internacional.
    3. Aprobar solo lo formal mediante estudios y certificado.

    Disculpa si falte el respeto, al no ser del rubro puede que diga cosas sin sentido. Pero comprendo la situación.

    Saludos Matias!


  • #2

    Matias Alzola (Monday, 15 June 2020 17:02)

    Hola Félix, gracias por comentar!

    Comparto tu apreciación de que el del artista es un rubro altamente precario y colapsado, pero no creo que establecer barreras de entradas a través de los diplomas educativos sea una solución viable. Conozco muchos artistas exitosos que no recibieron educación formal o que no la alcanzaron a terminar debido a la gran cantidad de compromisos laborales que tenían incluso siendo estudiantes. Ahora bien, ciertamente terminar una carrera acreditada en un rubro artístico podría ser una condición suficiente (pero en mi opinión no necesaria) para considerar a una persona como "artista". Establecer entidades nacionales o internacionales que definan qué arte preservar o promover creo que sólo genera mayor burocracia e incertidumbre y es en muchos sentidos el tipo de sistema que tenemos ahora.

    Afortunadamente la pandemia ha forzado a muchos gobiernos de países desarrollados a encontrar una solución a este difícil problema. Acá en Austria, por ejemplo, se estableció un sueldo básico de 1000 euros para los artistas independientes por un lapso de 6 meses, definiendo como "artistas independientes" a aquellas personas que cotizaban en el sistema de seguridad social de independientes ejerciendo un rubro artístico. Probablemente una vez que haya pasado toda esta situación excepcional va a haber una opinión mucho más formada y basada en la experiencia de cómo apoyar a los artistas directamente.

    Nunca va a haber una solución perfecta y quizás lo más sensato es ir de a poco probando distintas alternativas. Mi sugerencia es que busquemos sistemas que incentiven la individualidad del artista y no aquellos que lo tratan de encasillar en ideas preconcebidas de lo que es el arte. No es una tarea fácil, pero creo que vale la pena.

    Saludos!

    Matias Alzola

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