Streaming: El futuro de la música clásica?

La aparición de servicios de streaming on-demand como Spotify, Youtube o Apple Music ha cambiado completamente la forma en que la música se produce, distribuye y consume. Siendo probablemente la más estable innovación tecnológica en la revolución digital de la música, el streaming se ha consolidado como el principal impulsor del crecimiento económico de la industria musical y es actualmente responsable por alrededor de la mitad (47%) de los ingresos totales del sector. El género de la música clásica, sin embargo, ha sido mucho más lento en adaptarse. Siendo por naturaleza más conservadores, los oyentes de música clásica siguen prefiriendo los CD o la radio como principal medio de consumición, pero la facilidad de acceso que ofrecen los servicios de streaming ha posibilitado que sectores usualmente alejados del mundo tradicional de la música clásica empiecen a acercarse a este género.

 

Las razones por las que la música clásica ha sido más lenta en adaptarse al nuevo universo del streaming tienen ciertamente que ver con un tema generacional (los oyentes regulares de música clásica son en una proporción muy alta personas con más de 60 años), pero también influyen factores económicos. La piedra angular del negocio musical reside en el concepto del derecho de autor. A partir de ahí se construyen todas las formas de monetización en la industria de la música y el streaming no es una excepción. Sin embargo, gran parte del repertorio de la música clásica y especialmente las obras más populares, al haberse escrito hace tanto tiempo, ya no están sujetas a las normas del derecho de autor, pertenecen al dominio público, lo que cambia completamente el modelo de negocio que se debería aplicar.  Muchos servicios de streaming, además, fundan sus bases de datos en tres variables: artista, álbum y canción. Para la música clásica esto termina siendo insuficiente, una misma “canción” puede tener varios “artistas” (el compositor, la orquesta, el director, el solista, etc.), estar dividida en muchos movimientos y aparecer en decenas de “álbumes” a la vez. De esta manera, cuando se oye una pieza de música clásica en, por ejemplo, Spotify, su algoritmo no va a ser capaz de reconocer realmente lo que se está escuchando, imposibilitando así la generación efectiva de recomendaciones automáticas o playlists basadas en los gustos personales de cada usuario.

 

Esta problemática ha llevado a que nazcan diversos servicios de streaming especializados en música clásica. Uno de ellos, IDAGIO, comisionó el año pasado a la consultora MIDiA para que realizara la que es hasta hoy la única investigación que relaciona el streaming on-demand con la música clásica. Aquí, aparte de confirmarse varias de las tendencias ya conocidas, se logró un importante descubrimiento: los servicios de streaming estaban llevando hacia el mundo de la música clásica a usuarios que no eran asiduos a este género y especialmente a mucha gente joven. Lo que se vio es que muchos oyentes se estaban haciendo fanáticos de la música clásica (sin siquiera darse cuenta) mientras escuchaban playlists para, por ejemplo, relajarse, estudiar o generar ambiente. Así, personas que nunca habían asistido a una sala de conciertos de música clásica descubrieron un incipiente gusto por sonidos que siempre les habían parecido aburridos y lejanos.

 

La música clásica lleva décadas sumida en una crisis que cada año se agudiza más. Sus oyentes se van haciendo cada vez más viejos y pertenecen a pequeñas elites altamente educadas y pudientes. Los programas que se presentan en las principales salas son tremendamente anticuados y repetitivos, tocando siempre las mismas obras de los mismos compositores, ya que es lo único que termina atrayendo a un público lo suficientemente grande como para cubrir parte de los gigantescos costos que tienen hoy en día las instituciones dedicadas a este género musical. El Estado o mecenas privados mantienen a flote la industria a través de aportes económicos, los cuales más que una inversión parecen lastimosas limosnas para una disciplina que ha perdido toda relevancia cultural. El streaming nos está dando una oportunidad que no debemos desaprovechar de revertir esta tendencia. Hay un mundo allá afuera deseoso de disfrutar de la música clásica, pero que se siente excluido por las formas tradicionales y elitistas que generalmente acompañan a este género. Los músicos debemos aprender a usar las nuevas herramientas que nos está dando la tecnología para alcanzar a este nuevo público, adaptándonos nosotros a las corrientes modernas y no esperando a que los oyentes se adapten a nuestras tradiciones.

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Matias Alzola Matias Alzola Matias Alzola Matias Alzola