Despeinar la Música Clásica

En una gira que terminó siendo interrumpida por los eventos del 18 de octubre, André Rieu visitó Chile el año pasado por cuarta vez después de sus exitosas presentaciones en los años 2013, 2015 y 2017. En cada una de aquellas ocasiones el músico holandés logró algo impensado en el ámbito de la llamada música clásica: agotar las localidades durante cuatro días consecutivos del Movistar Arena, es decir, alcanzar un público de más de 40.000 personas. Y no sólo eso: hasta el día de hoy la entrada más cara para un concierto vendida en Chile fue para el debut de Rieu en 2013 y sus tickets „Diamante Package“, los que se ofrecían a cambio de módicos $690.000 pesos chilenos. Por donde se lo mire es evidente que se está en frente de un fenómeno musical sorprendente.

 

Rieu es sólo uno de varios músicos que han cosechado un éxito masivo sacando la música clásica de los teatros tradicionales para tocarla en grandes estadios o arenas de eventos. Por lo general se enfocan en un repertorio muy popular con piezas conocidas por todos e incluyendo también música de cine y arreglos de piezas de otros géneros musicales. Solistas como David Garret o conjuntos como 2Cellos o The Piano Guys han sabido capitalizar una demanda por música clásica más „despeinada“ y con una estética similar a la de la música popular. Sus videos en Youtube, verdaderas producciones cinematográficas de primer nivel, suman literalmente cientos de millones de visitas y sus giras de conciertos llenan estadios en distintas partes del mundo.

 

Los que nos dedicamos profesionalmente a la música clásica, más que mirar en menos a André Rieu, deberíamos observar con mucha atención cómo se ha ido desarrollando este fenómeno. Si más de 40.000 personas prefieren por ir a escucharlo a él en el Movistar Arena pagar tres o incluso cuatro veces lo que costaría oír a un exponente mundial de la música clásica en, por ejemplo, el Teatro Municipal, es por que el denominado „Rey del Vals“ está tocando una fibra que los músicos „serios“ no hemos sabido satisfacer.

La importancia de entender la dinámica de estos conjuntos y su inmensa popularidad se hace especialmente evidente si atendemos la crisis que está viviendo la música clásica con respecto a su audiencia y su influencia cultural. La Encuesta Nacional de Participación Cultural 2017 realizada por el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes muestra datos altamente preocupantes. Sólo un 6% de los residentes en Chile mayores de 15 años declaran haber asistido a un evento de música clásica en los últimos 12 meses y 75% de los encuestado no había asistido nunca en su vida a un espectáculo de este estilo musical.

 

Si bien la intuición nos podría inducir a pensar que estas bajas audiencias se deben a que Chile es un país poco culto o lejos del desarrollo, lo cierto es que en lugares como Austria o Alemania, considerados por muchos como modelos a seguir en cuanto a desarrollo cultural, particularmente en lo que respecta a la música clásica, las cifras no son muy diferentes. Las estadísticas aquí muestran que sólo alrededor del 6% de las personas son asistentes regulares a conciertos de música clásica. Tal como en Chile, la gran parte de los admiradores de esta disciplina cultural son personas con altos niveles de estudio, gran poder adquisitivo y más bien de edad avanzada.

 

Es en este punto donde se vuelve atendible el aporte que están haciendo Rieu y compañía a la popularización de la música clásica. Ésta necesita de subvenciones y auspicios para sobrevivir. Sin embargo, una disciplina elitista es una inversión social muy poco atractiva y está destinada a la muerte o a la irrelevancia cultural. Revertir la tendencia y llegar a públicos amplios y diversos con la música clásica es una misión que no podemos eludir.

 

Como músicos nuestra tarea es ser más abiertos, receptivos y creativos con nuestro repertorio y formas de comunicar nuestro arte. Todas las críticas que se le hacen a Andre Rieu y a los músicos que han desarrollado una línea estilística similar son ciertas y justificadas, pero su éxito es muestra de que hay mucho que aprender en lo que están haciendo. Debemos entender que el arte es preservar la tradición, pero también innovar. Tenemos que encontrar la forma de combinar lo que nosotros queremos transmitir y lo que la gente quiere escuchar. No es necesario venderse a la populachería y sacrificar las propias convicciones para alcanzar los nuevos públicos que nuestra amada música clásica necesita y merece.

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Comments: 2
  • #1

    Ruben Alzola (Monday, 29 June 2020 17:58)

    Siempre un deleite leer tus columnas. Un abrazo

  • #2

    Felipe Elgueta (Tuesday, 30 June 2020 01:19)

    Sin entrar el "crossover" de las propuestas citadas, en el ámbito barroco, Accademia Bizantina ha hecho algunos videoclips más o menos "despeinados". https://youtu.be/VpTcBDW_6Ks
    https://youtu.be/Fear-MriD9M
    Pese a ello, a la fama que tiene la Accademia y a su trabajo con sellos discográficos con cierta maquinaria publicitaria, esos videos tienen muchas menos "vistas" (en Youtube, al menos) que algunos registros de conciertos formales de la Bremer Barockorchester, que no tiene discos grabados: https://youtu.be/2D-y2kJU0lg
    Habría que estudiar todos los factores que influyen en la distribución de los materiales musicales y a qué públicos llegan.

Matias Alzola Matias Alzola Matias Alzola Matias Alzola