Apropiación cultural: Ley pareja no es dura

Dos hechos recientes en Chile han puesto el concepto de la “apropiación cultural” en el centro de la discusión. El primer escándalo se desató cuando una pequeña empresa de ropa decidió lanzar una linea de pijamas inspirada en los rituales de la cultura indígena Selk’nam en un (ingenuo) intento por realzar el valor de la multiculturalidad chilena. Ante tan aberrante y monstruoso acto, las reacciones de profunda indignación y desprecio lógicamente no se hicieron esperar. Primero llegaron las denuncias por parte de personas que nada tenían que ver con la cultura de los Selk’nam (aunque probablemente sí que estaban identificadas con la cultura del pijama y del descanso), para luego dar paso incluso a cartas de protesta oficiales firmadas por la Corporación Selk’nam de Chile y por Honorables Congresistas de la República, los que, afortunadamente, justo en ese momento no tenían nada mejor que hacer. Tras una serie de acusaciones, donde además de apropiación cultural se les llegó a imputar el aprovechamiento de un genocidio, los dueños de la costurera decidieron retirar los famosos pijamas de su oferta, al tiempo que ofrecían disculpas literalmente a lo humano y a lo divino. No era para menos.

 

El segundo incidente de apropiación cultural ocurrió cuando la UDI, partido político chileno de derecha conservadora, utilizó en una propaganda un conocido verso (“el derecho a vivir en paz”) del cantautor y activista de izquierda Víctor Jara, brutalmente asesinado a comienzos de la dictadura chilena. La UDI, cuyo fundador fuera uno de los artífices intelectuales del gobierno de Pinochet, arguyó a través de algunos de sus representantes que la izquierda no podía apropiarse del derecho que todas las personas tenían a vivir en paz, sin importar su ideología política. Ciertamente esta explicación fue insuficiente y las críticas abundaron. El caso aquí tiene sus particularidades. En primer lugar hay un pormenor que le otorga una arista legal al asunto: los versos de Víctor Jara están aún protegidos por la ley de propiedad intelectual y se podría hacer una argumentación creíble de que en este caso los derechos morales del autor, que en Chile son heredables, han sido dañados. En segundo lugar se trata de una obvia provocación política que cumplió su cometido a cabalidad: durante varios días la campaña de la UDI fue el centro de atención, todos los indignados pisaron el palito.

 

Por apropiación cultural se entiende el acto de adoptar prácticas o costumbres de una cultura ajena sin que necesariamente haya oprobio o malas intenciones, pero se enmarca en una narrativa que describe al mundo en la dualidad “opresor-oprimido”. La apropiación cultural debe ocurrir, por lo tanto, por parte de una persona perteneciente a una cultura dominante (el “opresor”) y con respecto a una cultura dominada (el “oprimido”). Es por esta razón que, por ejemplo, Scarlett Johansson fue acusada de apropiación cultural cuando interpretó un personaje que originalmente era de origen japonés y cuando fue elegida para interpretar a una mujer transexual (estaba apropiándose de las culturas de una minoría racial y una minoría sexual, respectivamente), pero cuando se propuso a Idris Elba como el probable nuevo James Bond, originalmente un espía escocés más blanco que la leche, esto fue celebrado como un gran avance en integración étnica y las aprensiones que mostraron algunos fanáticos de la serie fueron catalogadas de racistas.

 

Es en este punto donde la apropiación cultural empieza a mostrar su absurdo. Cuando las reglas se comienzan a aplicar de manera distinta para diferentes personas, se convierten en ideas arbitrarias y pierden su validez universal. No sólo eso, el concepto de apropiación en sí mismo implica que la cultura es propiedad de una persona o de un grupo, significa que le pertenece a alguien al que se le arrebató su patrimonio. Esta lógica olvida que la cultura nace precisamente en el encuentro de diversas individualidades, se genera a través del intercambio de distintas experiencias históricas personales o grupales. Hablar de apropiación cultural pretende hacer creer que la cultura es algo estático e inamovible, es un intento por clasificar a las personas en estructuras rígidas, meterlas en cajas de colores predefinidos de las que no se les permite salir. Pero la cultura nunca define a los individuos, sino que los individuos definen a la cultura.

 

Más allá de las exageradas reacciones con respecto a los pijamas Selk’nam y el verso de Víctor Jara, es importante recordar que la cultura es algo vivo, no es una exposición de museo intocable e incambiable, le pertenece en igual medida a todos, porque todos le damos forma y sentido. El bienintencionado propósito de otorgarle mayor influencia y protección a culturas minoritarias en nuestra sociedad (que es lo que finalmente se encuentra detrás de la invención de conceptos como la apropiación cultural) sólo tiene sentido si entendemos que cuando dos culturas se encuentran ambas cambian, es una vía de doble sentido que enriquece a todos los que la transitan. La misma alegría que nos da ver cada vez más diversidad en nuestro panorama cultural debe aplicarse sin importar de dónde vengan los cambios: ley pareja no es dura.

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Comments: 1
  • #1

    Francisca Silva (Wednesday, 16 September 2020 21:43)

    Muy buen alcance Matías! Es verdad que puede ser ofensivo para algunos esos hechos que tu cuentas, mi humilde opinión, es que todo esto es demasiado subjetivo para ser regulado o incluso legislado., cualquier grupo minoritario puede alegar sentirse ofendido por cualquier cosa y así seria sancionado medio mundo. Al final termina mandando la bandera que este de moda en el momento o el que más se queje y meta más ruido, ya que no ha objetividad al momento de decir que cosa si, que cosa no.
    También rescato lo que dices al final, la cultura no le pertenece a unos pocos, nos pertenece a todos y todos tenemos influencia en ella día a día. Saludos

Matias Alzola Matias Alzola Matias Alzola Matias Alzola